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Terra
La Coctelera

Josef K

Primeros aguafuertes

31 Diciembre 2011

Jam session

Vago por las calles aturdido por esta soledad sin límites, sin orillas, que el tedio acentúa de forma inclemente. A veces me dejo sacudir por una maraña de nostalgias que me ciegan, momentáneamente, como un ovillo sobre la cara, como escamas sobre los ojos. Pero todo es un engaño. La isla me embriaga con el viento fresco y el sol intacto dejando una postal alegre ante mis ojos. La vida segura, agradable, que casi nadie puede llevar, la tengo yo, es una tentación poderosa, inevitable y me agota luchar contra esta certeza. Quiero, sin embargo, huir de aquí.

Salgo de la filmoteca y, en los aseos del teatro, recién remodelado, ese empapelado gris y los sanitarios relucientes, blancos, me recuerdan, por alguna razón a aquel hotel de Praga, ¿cómo se llamaba? recuerdo aquella noche de bochorno y aquel enfado. Recuerdo aquella sensación tan terrible en ese viaje e Irene leyendo en el tren, con una falda blanca y las piernas sobre el asiento de enfrente. Me había comprado dos ediciones de "Carta al padre", de Kafka, libro que he leido y releido tantas veces que algunas partes me las sé de memoria, en particular ese comienzo.

Querido padre: el otro día me preguntaste que por qué te tengo miedo, como de costumbre, no supe qué responderte, en parte por el propio miedo que te tengo...

Las dos ediciones eran idénticas solo que una era en francés. Pensaba yo, ingenuamente, que esto me permitiría aprender francés al cotejar una frente a la otra. El tren cruzaba el centro de Europa en busca de un famoso balneario y el calor seco y rotundo nos dejaba una vaga sensación de felicidad. Había dentro de mí el sordo rumor de la ruptura, tantas veces deseada, nunca ejecutada y me dedicaba a enviarle sms a mi amante. Recuerdo que le escribí "no sabe lo que le espera". Tan convencido estaba de mi determinación, de que sería capaz de decirle, al final, lo que realmente pensaba de nuestra relación.

Ayer salí. Un día raro, creo que miércoles o martes. Quedé con Rubén en una terraza cercana, de esas que en los 80 tenían mesas blancas de plástico duro de coca-cola. Allá me esperaba Rubén con dos chicas. Una de ellas, Andrea, la mejor, tenía algo pero le faltaba cierta distancia para ser guapa. Todavía joven pero frisando la treintena, llevaba un poco de escote, un top a rayas, vaqueros y un pañuelo jipi. Había algo interesante en esta chica pero no llegaba a convencerme: de mirada lángida, ojos un poco saltones pero grandes, labios finos. Junto a ella se sentaba su amiga Dunia, de labios gruesos y ojos grandes y una cara pequeña que acentuaba la desproporción de estos órganos. Sus ojos parecían siempre húmedos, lo que le confería cierta cara de susto, como si acabase de levantarse. Llevaba una indumentaria con algo de 15M fashion, un vestido con unos vaqueros debajo, un abrigo que parecía comprado en un mercadillo. Pelo moreno, fino y voluminoso que acentuaba su caracter de susto, caía denso y enorme en pequeñas ondulaciones. Andrea hablaba con voz dulce, fina y con un punto de reserva permanente, como si no se fiase de mí. Dunia era más explosiva, con movimientos nerviosos y luego estaba Rubén. La presencia de Rubén ocupaba todo el espacio imaginario del grupo: postura expansiva, cigarro tras cigarro, dominando la situación como un torero, como un argentino convencido de ser argentino. A veces, su tono de voz didáctico, sólido, convincente, me recordaba a Michi Panero en "El Desencanto". Me recordaba su elocuencia, sus argumentos bien hilados, bien traidos, como un pan de calidad amasado en la tranquila tahona de la cultura. y fermentado con lecturas. Ahí estaba él dando lecciones, hablando como si no hubiese sombra de duda, con un convencimiento total que, ciertamente, me desmoronaba un poco. Dijo algo que me hizo reflexionar sobre mis propios errores: el pigmalión. Un conocido suyo, hombre culto o semiculto -lo que es todavía peor que ser inculto- consigue seducir a una chica joven y guapa y entonces comienza el deslumbramiento y el adoctrinamiento. El culto o semiculto quiere educar a la chica: la lleva a ver determinadas películas, la acompaña a exhibiciones, le pide que lea ciertos libros. Rubén ser burla: no tiene sentido cambiar a tu novia, compañera, pareja o lo que sea. No tiene sentido. Uno puede disfrutar con esa persona, aprender o no, compartir o no, pero no pretender cambiarla. Hay algo muy digno en lo que dice y comprendo que yo también intenté cambiar a Irene, convertirla en una chica moderna y sexy, en una de tantas que me topaba por las calles y a las que deseaba desconsoladamente. Rubén sigue, cigarro que te viene, sonrisa, dominio, postura expansiva, se crece y las chicas parecen encantadas.

A los pocos minutos de estar en la terraza me doy cuenta de que estoy en terreno hostil. Enzarzada en una discusión sobre la terminología de la ropa femenina con su amiga Dunia me aspeta a bocajarro "¿eres peninsular?". Me sentí como un judío en un control de pasaportes nazi preguntado "¿eres judío?". Sí, soy peninsular. ¿Cómo se le llama a este tipo de prenda en la península?. La verdad, no tengo ni idea. Seguimos hablando. Resulta que las chicas han estudiado, sin concluir, filología hispánica. Pero yo soy economista lo que ellas identifican con varias cosas: en primer lugar me suponen un genio de las matemáticas, cuando siempre se me han dado mal. En segundo lugar creen que se me da bien ganar dinero cuando no soy más que un profesor sujeto a una nómina. En tercer lugar consideran que me gusta más el dinero que a ellas y que por tanto, estoy en una posición de inferioridad moral e intelectual. Todo esto son prejuicios estúpidos porque en la propia conversación se revela que mis conocimientos e interés por la literatura son, al menos, tan amplios como los suyos. Hablamos de Salinger y El Guardián entre el centeno, libro que me parece bueno, pero no tan bueno como piensan los americanos. Libro que he leido tres veces, dos en inglés. Hablamos de García Márquez y les recito de memoria la primera frase de Cien años de soledad. Hablamos de Cortázar, hablamos de unos y de otros. Nada de esto parece impresionar a Andrea, a la que me he puesto como objetivo. No es que me interese especialmente: simplemente quiero ver si soy capaz de seducirla.

Las chicas beben demasiado. Ruben se expande, perora, nos educa, nos enseña y finalmente acaba parodiando a un argentino. Acabamos en un local con música en directo. Andrea ha bajado un poco la guardia conmigo. Han empezado las bromas y he sacado algo del catálogo. Se nos pega un sujeto imberbe al que debo sacarle dos décadas. Pregunta de qué nos conocemos. "Fue mi segunda mujer", "nos conocimos en un curso de poesía en la complutense en 1983". A partir de ahí es una excusa para que ella me llame cariño  y yo responda "amor" y pueda toquetearla un poco la manita, el muslo, etc. de forma suave, inadvertida, como si fuese de lo más normal. La última estación de la noche fue un local de la calle Buenos Aires, un nombre adecuado para un grupo liderado por un paraargentino. El local en cuestión es pequeño y estaba preparado para la música en directo. Había un tipo tocando una guitarra eletroacústica. No lo hacía mal pero su selección de canciones era un auténtico puro. El tipo invitó a cualquiera del público a interpretar algo con su guitarra. Mi "esposa" insistió y me convenció para que saliese. Tengo muy estudiada Chica de Ayer, punto, tal vez de convergencia entre los públicos que allí se reunían. La guitarra tenía un sonido cristalino: arranqué con los primeros acordes, sonaba tan bien que mi voz salió segura, dominando cada nota de una canción que he tocado cientos de veces, literalmente. Fue fantástico. Terminada la jam session estaba seguro de que ella caería en mis brazos, enamorada, entregada. Eso era todo lo que quería. No quería ir más allá, acostarme con ella, besarla. Solo quería seducirla. Pero ahí estaba Rubén, tremendo, enorme, puro en su dominio de la noche. Y apareció un sujeto vestido como Foucault, como con un traje de los años 60. Allí murió la noche: con Foucault. Cuando mi falsa esposa se marchó decidi marcharme definitivamente, como siempre contento de descansar, de poder dormir, como si dormir fuese el objetivo, falto ya de energías en este tramo crucial de mi vida.Foucalt no es el filósofo francés sino un canario que es profesor de filosofía en un liceo francés en Paris. Ah, París, Ah... si yo fuese profesor en un liceo de París. ¿No estaría más satisfecho con mi vida?

Son las cuatro de la mañana y la brisa baja un poco fresca en la calle Buenos Aires. Noto la quietud de la madrugada mientras bajo en busca de un taxi. Pienso, pienso en mi vida, en esta sucesión de decepciones que me hieren un poco. Pienso en mi sitio en el mundo y sé que me he equivocado. Me equivoqué en la vida. Bajo la pendiente de Buenos Aires, busco ese taxi a las cuatro de la mañana, con un poco de frío y me siento solo, extraño, agotado. Pienso en Andrea, en Foucault, en Paris y en mi vida. El trabajo incorrecto, la ciudad equivocada, tal vez, la mujer equivocada. ¿Hay eperanza para mí? En cierto modo derrotado por la vida. Cuando uno vuelve con 40 años en un taxi, a una casa donde no te espera nadie, en una ciudad donde no querrías vivir, hay una sensación de derrota, de pasar por la vida como un intruso, de haber recibido buenas cartas pero haberlas perdido todas con un pésimo juego.

servido por josefk 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

laquesiselohizoconmiguelangel

laquesiselohizoconmiguelangel dijo

Mariconazoooooooo!!! y esto es a lo que llamas literatura!!! Mi diario de cuando tenia 15 años era mas interesante!!! Me he tenido que registrar en este rollo de web para mandarte el mensaje, lo prometido es deuda! Soy super enrrollada! Pero chico, y esos libros que nombras: El guardian entre el centeno, Cien años de soledad, Cartas a mi padre???!!!! pero que tu profe de 2º de BUP te dijo que te las leyeras????!!!! Todo muy retro!!!! y esas hipis con las que me vas???? No entiendo nada!!! :) jijijijiji!!! y que sepas que lo mio con Miguel Angel es Amor!!! ese biografo es un envidioso!!:)

17 Marzo 2012 | 10:19 PM

josefk

josefk dijo

Ummm... no sé por qué sospecho quien puedes ser...

21 Marzo 2012 | 02:12 PM

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