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La Coctelera

Josef K

Primeros aguafuertes

5 Marzo 2011

Botanic Station


Pues al final salí. Mi amiga, que es venezolana, quiso acompañarme. En fin, Venuezuela y salsa. Podemos imaginarlo. Como preguntarle a un español si le gusta el jamón ibérico. Me dijo “un momento, necesito ir a casa para ponerme tacones”. Parece que, para bailar, las mujeres necesitan tacones, por increíble que nos parezca. Una hora más tarde vino a buscarme al hotel y estaba transformada: leggins, tacones y una especie de trajecito ajustado. Tiene buen tipo pero no es bonita. No obstante se había maquillado, duchado, perfumado. Estaba mas deseable que nunca; se aproximaba a ese umbral necesario pero no llegaba. Allá fuimos.

 Se trataba de un local llamado The Empire, junto a la Botanic Station. Local enclavado en un edificio egregio que merecería un destino más noble pero que ha terminado convirtiéndose en una discoteca, como con frecuencia sucede en este país.

En general me siento torpe en las discotecas. Antes de que comenzase la salsa Claudia me explicó los pasos básicos. Hicimos varios ensayos y después… zas… a bailar. La chica se movía como una gacela, como una sirena si es que las sirenas se mueven. Por momentos disfruté realmente bailando a pesar de que me sentía como un paquidermo, rígido y torpón como si fuese un alemanote. Pero funcionó. Realmente es divertido bailar. En cierto momento me dije "¿cómo he podido pasar toda mi vida ignorando esto?”. Así discurrió la noche dulcemente, bailando con algunos descansos hasta que acabo la música a la una. Hora muy razonable para volverse a casa.

A veces, cuando metía la cara cerca de su cuello, y sentía su perfume, su pelo fuerte, fresco, denso, la deseaba. Sentía su oreja en el roce con la mía… y pensaba “¿y si es ella la que quiere algo de mí?”. La abrazaba y ella, con su cuerpo ligero, fibroso, elástico, se dejaba hacer. Notaba su cuello pasar tan cerca de mis labios, como una fruta llena de fragancias. La deseaba un poco pero yo no tenía ninguna intención de besarla. No me gusta, no es bonita, pero es injusto que no sea bonita.

Al final, la acompañé a su casa, sita en una calle solitaria, silenciosa, de viviendas sin jardín, algunas abandonadas. Nos dijimos adios frente a una puerta desvencijada, ella con la llave metida y la puerta entreabierta y el gesto de espera, los labios un poco abiertos, con el lápiz de labios fresco. ¿Se lo habría retocado en el baño? Se merecía un beso, por la situación, por la clase de salsa, por la vida. Por la vida solitaria en calles silenciosas de una ciudad perdida. Por la inmensa tristeza de esos vacíos urbanos que se producen en las ciudades anglosajonas, que tienen tan poca luz artificial. Adios, buenas noches, le dije dando dos pasos hacia atrás. Las luces desfallecían a nuestro alrededor, no había nadie en  la calle y ella con un pie dentro y sus labios brillando entreabiertos, esperando esa dádiva que no llegaba, que nunca llega, que sin duda merecía después de tanto esfuerzo. Quedé un segundo ensimismado en la magia de ese instante. Un tren salía, a lo lejos, de Botanic Station y oímos su silbido melancólico, en la distancia. Buenas noches, dije, y di media vuelta hacia mi hotel pensando que tal vez ella me miraba alejarme mientras mis pasos resonaban en la quietud de esa calle y mi imagen era engullida por la penumbra de la noche.

servido por josefk 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Nicolás Fabelo

Nicolás Fabelo dijo

Me ha conmovido tu entrada, ese triste instante de la separación que soy capaz de visualizar sin imágenes gracias a tus palabras: "Se merecía un beso, por la situación, por la clase de salsa, por la vida. Por la vida solitaria en calles silenciosas de una ciudad perdida". ¿Por qué no se lo diste, egoísta?... Hermoso, querido amigo. Un abrazo.

7 Marzo 2011 | 12:44 PM

josefk

josefk dijo

Muchas gracias. Que puedo decir? me encanta tu comentario. Si no la besé fue porque no quería involucrarme sentimentalmente. Un abrazo

7 Marzo 2011 | 05:42 PM

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